Como cualquier ser humano, todos necesitamos AMOR. El amor más incondicional posible, con cuidado, apoyo, confianza, respeto, empatía, comunicación, libertad, ternura, silencios, espacio, entrega, presencia, intimidad, compañía, juego, escucha, cariño.. De una forma relajada, con entrega, respetando los tiempos y los ritmos, sin exigencias, sin presiones. Un corazón donde poder ser un@ mism@, donde tomar impulso, donde sanar, donde sentir paz y armonía.

Entonces, ¿Qué nos pasa?Mujer

Siento decirte que en general no estamos en el amor incondicional. A veces lo tocamos, pero sostenerlo en la lucha de egos no es fácil. Requiere maestría y mucha auto observación, herramientas y compromiso personal, y aún así no es garantia, es cosa de dos.

Si tod@s necesitamos lo mismo ¿por qué hay dificultades, por qué parece tan complicado.?

Lo primero porque para poder dar esto, hay que tener bien colocado nuestro pasado y nuestras heridas primales de falta de afecto y reconocimiento. Y eso a veces lleva toda una vida. Si no tenemos un mínimo resuelto nos relacionamos desde la reacción de la herida, proyectamos constantemente y esperamos que el otro nos resuelva con los cambios que esperamos.

Lo segundo porque en la profundidad de la intimidad no se sostienen las máscaras y eso da miedo. Porque cuanto más te entregas, más vulnerable eres y aparece el miedo al dolor.

Porque lo que más anhelamos suele ser lo que más tememos. Y el anhelo de la comunión mística es universal, lo llames como lo llames.

Si buscas tener relaciones plenas, conscientes  y maduras empieza por el principio. Trabajo personal, sanación de tu niñ@ interno, ancestros, liberación de todas tus relaciones familiares y de pareja. Y a la vez, atiende tu presente.

Disfruta de ti mism@, de tu propia compañía. Conviértete en un ser completo. No traslades a nada ni a nadie la responsabilidad de tu bienestar, en ningún ámbito.

Pero permanece abiert@, disponible para compartir con el otro en honestidad y alegría. Porque las relaciones son los peldaños que nos acercan a nuestro propio ser.

Porque solo perdiéndote en el otro te puedes encontrar.

Hombres y mujeres somos realmente complementarios. ¿O crees que la vida iba a equivocarse?

Equilibra tu masculino y femenino interno para compartir en coherencia.

Es imprescindible que caminemos hacia una forma de relación consciente e íntegra.

Pero no te exijas ser quien no eres, no lo maquilles ante el otro, pronto o tarde se dará cuenta, ¿no crees?.

Abraza tu nivel de ser, tu aprendizaje y tu necesidad personal aunque no sea la ideal. Saber donde quieres ir es imprescindible para crear la hoja de ruta, pero hay que llegar. Y eso se consigue paso a paso.

Estate presente, entrégate, toma nota de lo que te sucede dentro y fuera, pon acción, y goza.

Recuerda tratar al otro de la misma manera.

Y así alcanzaremos esa masa crítica, el número suficiente de hombres y mujeres relacionándose en respeto y amor verdadero. Para que la humanidad pueda dar el siguiente salto.

Me gusta, en los talleres y en las sesiones, hablar y encontrar soluciones concretas a situaciones cotidianas. Pues cuando comprendemos esto, donde estoy, y donde quiero estar, necesitamos herramientas para gestionar el día a día. Todo lo que se mueve con uno mis@ y con el otro. Claves para no proyectar y hacerse cargo cada uno de lo suyo, para comprender la naturaleza y el momento del otro.

Una de las cosas que más me gusta es trasladar la información de tu llegada al  mundo a las conclusiones y forma de relación hombre-mujer. Es increíble como se liberan patrones cuando lo haces consciente. Igualmente cuando comprendes los programas incoscientes que has introyectado a través de tus ancestros, y tus expereniencias pasadas.

Lo que ves de ti es la punta del iceberg, pero lo mismo sucede con lo que ves en el otro.

La próxima vez, antes de reaccionar, te animo a observar ambos icebergs.

Porque el mayor riesgo es el amor. Pero sin amor no hay vida.

Sedna

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